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Calidad del Agua y Problemas de Salud

VULNERABILIDAD DEL ACUÍFERO

Debido a las impresionantes dimensiones y la gran densidad de población de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), así como al hecho de que casi tres cuartas partes del área dependen del acuífero para el abastecimiento de agua potable, la protección de la calidad del agua subterránea es de la mayor importancia. Los desechos originados por la actividad doméstica, industrial y comercial, contienen diversos gérmenes patógenos y contaminantes tóxicos que si no se manejan en forma adecuada pueden llegar a representar un peligro. La posibilidad de que esos contaminantes se filtren al agua subterránea depende de muchos factores, tales como la composición de los suelos (materiales geológicos), el nivel freático, la tasa de recarga y otros factores ambientales que influyen en la movilidad o la degradación de los contaminantes (National Research Council, 1993). En la ZMVM, estos elementos varían en cada una de las tres principales zonas hidrológicas: la zona lacustre, la zona de transición de la región piedemonte y la zona de montaña. Las características hidrológicas de estas tres áreas se describieron en el capítulo 3.

La zona de transición merece especial atención, debido a que en ella se combinan la permeabilidad natural, la rapidez del crecimiento urbano y el incremento del número de pozos de abastecimiento. Los problemas de uso del suelo son múltiples: una gran proporción de asentamientos que carecen de recolección de aguas negras; canales de drenaje no revestidos que llevan aguas residuales sin tratar y aguas negras de origen doméstico; basureros mal



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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability 5 Calidad del Agua y Problemas de Salud VULNERABILIDAD DEL ACUÍFERO Debido a las impresionantes dimensiones y la gran densidad de población de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), así como al hecho de que casi tres cuartas partes del área dependen del acuífero para el abastecimiento de agua potable, la protección de la calidad del agua subterránea es de la mayor importancia. Los desechos originados por la actividad doméstica, industrial y comercial, contienen diversos gérmenes patógenos y contaminantes tóxicos que si no se manejan en forma adecuada pueden llegar a representar un peligro. La posibilidad de que esos contaminantes se filtren al agua subterránea depende de muchos factores, tales como la composición de los suelos (materiales geológicos), el nivel freático, la tasa de recarga y otros factores ambientales que influyen en la movilidad o la degradación de los contaminantes (National Research Council, 1993). En la ZMVM, estos elementos varían en cada una de las tres principales zonas hidrológicas: la zona lacustre, la zona de transición de la región piedemonte y la zona de montaña. Las características hidrológicas de estas tres áreas se describieron en el capítulo 3. La zona de transición merece especial atención, debido a que en ella se combinan la permeabilidad natural, la rapidez del crecimiento urbano y el incremento del número de pozos de abastecimiento. Los problemas de uso del suelo son múltiples: una gran proporción de asentamientos que carecen de recolección de aguas negras; canales de drenaje no revestidos que llevan aguas residuales sin tratar y aguas negras de origen doméstico; basureros mal

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability confinados, así como un mal manejo del almacenamiento y desecho de materiales peligrosos (Mazari y Mackay, 1993). La zona de montaña no está tan urbanizada como las zonas de menor elevación. Sin embargo, los asentamientos humanos irregulares dispersos en la ladera de las montañas aumentan la posibilidad de contaminación. Hasta hace poco, se suponía que las arcillas lacustres que subyacen en gran parte del área urbana formaban una capa impermeable y protectora que evitaba la penetración subterránea de los contaminantes. Sin embargo, la desecación y la consolidación de las capas de arcilla han propiciado el desarrollo de fracturas que pueden actuar como conductos para la migración subterránea de contaminantes (Alberro y Hernández, 1990; Rudolph et al., 1991; Pitre, 1994). Desde la década de los cuarentas los gradientes de flujo se han abatido en las áreas más bombeadas, en contraste con las condiciones artesianas históricas (Carrillo, 1948). Los resultados de los modelos aplicados, así como los estudios de campo en sitios predeterminados, muestran que los contaminantes han migrado a mayor distancia en las arcillas que lo que se había predicho con base en una formación arcillosa homogénea—lo que apoya la hipótesis de que los contaminantes se mueven a través de las fracturas (Rudolph et al., 1991). Un estudio reciente en el valle de Chalco, región donde el bombeo ha sido exhaustivo (Ortega et al., 1993), detectó una consolidación significativa de las arcillas; los autores de este estudio concluyeron que el hundimiento continuará, con la consecuente liberación de sales y otros constituyentes químicos solubles del acuitardo, hacia el acuífero principal localizado más abajo. Mientras estos estudios han detectado una migración en profundidad de los contaminantes, con la posibilidad de que se contamine el agua del subsuelo, ningún estudio ha determinado si estos contaminantes han alcanzado al principal acuífero en explotación. Ortega y sus colaboradores concluyeron que se requiere una mejor comprensión de la respuesta del acuífero a diferentes situaciones de bombeo, para lograr la protección y el manejo del mismo a largo plazo. La falta de tratamiento de aguas residuales, así como la práctica de utilizar canales no revestidos para el transporte de los desechos sin tratar—un problema que atañe sin duda a la salud pública—están muy generalizadas en México y en el resto de Latinoamérica (Organización Panamericana de la Salud, 1990b; Cech y Essman, 1992). Se calcula que la ZMVM genera aproximadamente 44 mcs de aguas residuales (Comisión Estatal de Aguas y Saneamiento, 1993); de acuerdo con el Distrito Federal, más del 90 por ciento de los desechos líquidos industriales se descarga en el sistema de drenaje (Lesser y Asociados, S.A., 1993). El sistema combinado de drenaje transporta aguas residuales y agua de lluvia a través de una red primaria de 1,212 kilómetros de largo y una red secundaria de 12,326 kilómetros de longitud. En algunos sitios, el nuevo sistema de drenaje profundo penetra por debajo del acuitardo e intercepta el acuífero principal. En la época de lluvias, las aguas residuales se filtran al subsuelo a través de los túneles profundos; esto puede crear problemas en

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability muchos de los sitios que se localizan dentro de la zona lacustre y donde la protección de la capa de arcilla ya es insuficiente. Los canales no revestidos representan un riesgo adicional de contaminación del agua subterránea, particularmente en las zonas de transición donde el suelo es altamente permeable (Mazari, 1992). Existen varios pozos abandonados en el área, algunos de ellos abiertos muy cerca de la superficie, otros mal sellados. Muchos están cerca de canales de drenaje no revestidos que contienen aguas residuales domésticas e industriales. Estos pozos abandonados pueden representar una ruta alterna y más directa de contaminación hacia el acuífero. La ZMVM, que alberga la zona industrial más importante del país, contiene alrededor del 45 por ciento de la producción industrial de la nación. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares, la cantidad de desechos peligrosos generados en el Distrito Federal es de alrededor de 3 millones de toneladas por año, de las cuales más del 95 por ciento son efluentes procesados o efluentes tratados que se arrojan al sistema municipal de drenaje. La parte restante, alrededor de 150,000 toneladas, son desechos sólidos que en su gran mayoría son enviados a los basureros municipales, o bien a basureros ilegales. Además de los desechos que siguen produciéndose en forma cotidiana, existen alrededor de 40 millones de toneladas de desechos peligrosos generados desde los años cuarenta, cuando la industrialización del área se incrementó en forma muy notoria. Mientras que en el Distrito Federal se ha elaborado una lista con el nombre y los tipos de industrias existentes, en los otros estados de la Cuenca de México—México, Hidalgo, Tlaxcala y Puebla—no se ha hecho (véase AIC-ANIAC, 1995 para más detalles). Aunque se han llevado a cabo investigaciones sobre el tipo de contaminantes producidos en diferentes instalaciones, así como sobre la migración de éstos al subsuelo de la ZMVM, el grupo de estudio encargado de elaborar este reporte no ha encontrado ningún trabajo que examine las formaciones geológicas en el acuífero principal—examen que pudiera confirmar la contaminación del agua por fuentes industriales. La producción y el manejo de desechos peligrosos están regulados por la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección Ambiental publicada en 1988. Esta ley impone restricciones y controles a los productores de desechos peligrosos; asimismo, les exige registros y permisos que documenten los procesos industriales y establezcan prácticas de manejo. A pesar de las previsiones de la ley y los reglamentos, en la actualidad el manejo adecuado de desechos peligrosos en la ZMVM se ha visto seriamente comprometido a causa de la falta de facilidades para reciclar, tratar o retirar estos desechos. Dos compañías en el área metropolitana están autorizadas para reciclar cierto tipo de desechos. En la Cuenca de México no existen lugares específicos para desechos que tengan autorización para recibir materiales peligrosos.

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability Otra preocupación relacionada con la calidad del agua es el riesgo que conlleva la aplicación de pesticidas en tierras dedicadas a la agricultura. Aunque en México no existe información confiable acerca del grado de contaminación del agua causada por pesticidas, la Organización Panamericana de la Salud (1990a) ha identificado varias cuencas de ríos en las que el uso de pesticidas pudiera representar un problema, e incluye la Cuenca del Lerma, que abastece una parte del agua potable de la Ciudad de México. Se han detectado pesticidas en tejido adiposo humano en muestras obtenidas entre la población de la Ciudad de México (Albert et al., 1980). Aunque la contaminación del organismo humano por pesticidas ocurre con mayor facilidad a través del consumo de productos agrícolas, o bien a causa de la contaminación que los arroyos de los campos agrícolas pueden provocar en aguas superficiales utilizadas como fuentes de agua potable (National Research Council, 1993), el filtrado de los pesticidas al agua subterránea a través de la subsuperficie es otra vía contaminante potencial. MUESTREO Y CERTIFICACIÓN SANITARIA Como responsable de certificar la calidad del agua para el consumo humano, la Secretaría de Salud ha promulgado una serie de normas que establecen los requerimientos para los sistemas de abastecimiento de agua, el transporte de agua potable y los distintos procedimientos de muestreo (Tabla 5.1). Como resultado, la calidad del agua potable en la ZMVM se observa mediante muestreos que permiten establecer niveles de químicos inorgánicos, químicos orgánicos y parámetros bacteriológicos y físicos. La Dirección General de Construcción y Operación Hidráulica del Departamento del Distrito Federal (DGCOH-DDF) mantiene en Xotepingo un laboratorio central de control, el cual se encarga de realizar los análisis de calidad, para evaluar las instalaciones que abastecen el agua, tales como pozos, plantas de tratamiento, estaciones de bombeo y tanques de almacenamiento. También se realizan muestreos del agua en tomas domiciliarias en las colonias de las 16 delegaciones que conforman el Distrito Federal. El análisis de la calidad del agua se efectúa en uno o cuatro niveles de muestreo, dependiendo de la estimación que se haga sobre el tipo de agua de la zona. Al muestreo más simple se le conoce como nivel A, y se utiliza para detectar contaminación bacteriológica y obtener información sobre residuos libres de cloro, acidez, conductividad eléctrica, temperatura y turbiedad. El nivel 2A obtiene, adicionalmente, muestras de las características físicas y químicas prevalecientes en el Distrito Federal, tales como alcalinidad total, cloruros, color, demanda de oxígeno, dureza total y nitrógeno amoniacal. El muestreo en el nivel 3A cumple con las normas para el agua potable, establecidas por la Secretaría de Salud. Estas normas incluyen los parámetros adicionales de cloro, dureza (calcio y magnesio), los fluoruros, los sólidos

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability TABLA 5.1 Normas desarrolladas por la Secretaría de Salud en 1991 para certificar la calidad del agua potable para uso humano Contaminante Norma mg/l1 Aluminio 0.20 Arsénico 0.05 Bario 1.00 Cadmio 0.005 Dureza del calcio en CaCO3 300.00 Demanda de oxígeno químico 3.00 Cromo (VI) 0.05 Cobre 1.50 Cianuro 0.05 Fluoruro 1.50 Hierro 0.30 Plomo 0.05 Dureza del magnesio en CaCO3 125.00 Manganeso 0.15 Mercurio 0.001 Nitratos, en N 5.00 Nitritos, en N 0.05 Selenio 0.05 Sulfato 250.00 Alcalinidad total en CaCO3 400.00 Zinc 5.0 Extractivos de carbón-cloroformo 0.30 Extractivos de carbón-alcohol 1.5 Nitrógeno orgánico en N 0.10 Fenoles 0.001 Color, Pt-Co Unidades 20 Cloro libre (agua con sobredosis) 0.20 1.00 Sustancias activas al azul de metileno 0.50 pH 6.9–8.5 Sabor y olor ND Turbiedad, NTU (escala silica) 10 Coliformes fecales MPN, no./100 ml 0 1A menos que se indique de otra forma. Publicadas en los Artículos 211–213 de la Ley general de salud, Diario oficial de la Federación, 14 de junio de 1991).

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability totales disueltos, nitratos, nitritos, nitrógeno orgánico, sulfatos, sustancias activas al azul de metileno, potasio, sodio, aluminio, arsénico, bario, cadmio, cobre, cianuro, fluoruro, hierro, plomo, magnesio, manganeso, mercurio, níquel, plata, selenio y zinc. El nivel 4A es un procedimiento de muestreo intensivo, el cual se practica en donde se sospecha la existencia de problemas específicos; este tipo de muestreo puede abarcar componentes sintéticos orgánicos, demanda de oxígeno biológico y químico, radón y otros patógenos humanos. En 1992, los porcentajes de aplicación de estos niveles de análisis fueron de 70 por ciento de muestras A, 15 por ciento de muestras 2A, 10 por ciento de muestras 3 A y 5 por ciento de muestras 4A. Los datos comparativos de la calidad del agua son obtenidos mediante muestreos realizados por la Comisión Estatal de Aguas y Saneamiento del Estado de México para su área de servicio. Sin embargo, el Estado de México tiene el mismo nivel de infraestructura y personal que el que posee la DGCOH-DDF para realizar muestreos de la calidad del agua. CALIDAD DE LAS FUENTES DE AGUA La calidad del agua en el acuífero de la Cuenca de México varía; algunas de estas variaciones se deben a las características de las formaciones geológicas de la región. El agua de las arcillas superficiales es de muy baja calidad, debido a su alta concentración de sales disueltas (de 1,000 a 130,000 miligramos por litro, Rodríguez, 1987). Por esta razón, los pozos de producción que abastecen agua potable suelen tomarla a una profundidad de más de 400 metros, con la finalidad de captar el agua de mayor calidad del acuífero principal; sin embargo, se han documentado algunas intrusiones de aguas salinas en el acuífero principal (Lesser-Illades et al., 1990). Las sales y los sólidos totales disueltos en los pozos de producción aumentan generalmente al pie de las montañas y hacia el centro de la planicie, tal y como en los antiguos lagos había sitios donde la salinidad era mayor. Elevadas concentraciones de sulfuro, hierro y manganeso, provenientes de las formaciones geológicas volcánicas de la región, han sido detectadas en áreas específicas (Bellia, et al., 1992). Aunque esto no representa un serio problema, se han cerrado pozos en algunos lugares donde las concentraciones químicas inorgánicas son más altas que las marcadas por las normas de calidad del agua (SARH, 1988). El Laboratorio Central de Control del Distrito Federal en Xotepingo ha elaborado mapas identificando parámetros adicionales de agua subterránea que indican el potencial de contaminación orgánica y/o biológica. Por ejemplo, en 1993 pruebas realizadas en pozos revelaron áreas en las que el agua no cumplía con los requisitos establecidos de color, sólidos totales, amoniaco, nitrógeno orgánico, nitratos, carbón orgánico y dureza. Estos problemas tienden a localizarse en la sección este del Distrito Federal, así como en algunas porciones de los campos de pozos que lo rodean, tal y como se aprecia en la

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability Figura 5–1. Durante el mismo periodo, el agua en bloque de los pozos no cumplía con las normas fisicoquímicas fijadas (en el 31 por ciento de los casos) ni con las normas bacteriológicas establecidas (21 por ciento). En algunos de los sitios donde se detectaron problemas de calidad del agua, se lleva a cabo un tratamiento adicional a pie de pozo—que incluye oxidación, filtración y adsorción con carbón activado—como parte de un programa piloto; los pozos que no cumplen con las normas han sido cerrados. El Estado de México reporta que el 23 por ciento de los 242 pozos de abastecimiento de agua que surten a su área de servicio no cumplen con las normas establecidas para bacterias coliformes, mientras el 11 por ciento no lo hace con las normas relativas a constituyentes inorgánicos. En 21 pozos se ha reportado un aumento en la concentración de sulfuro de hidrógeno, aunque debe aclararse que no existe una norma para detectar su presencia. La información sobre la calidad del agua proporcionada por la DGCOH-DDF y la Comisión Nacional del Agua (CNA), indica que las fuentes principales de agua superficial de la ZMVM—el río Cutzamala, el río Magdalena y la presa Madin—tienen una calidad aceptable en lo general, con excepción de los altos niveles de coliforme fecal en el río Cutzamala (Comisión Nacional de Investigación, 1994). Como se describe en el Capítulo 4, estas fuentes de agua superficial reciben tratamientos por coagulación química, filtración y cloración. El agua subterránea es tratada, por lo general, con cloración—por lo que toda el agua está por lo menos desinfectada. El agua superficial de muchos manantiales pequeños contribuye en 0.7 mcs al abastecimiento de agua de la ZMVM. Pruebas reportadas por la DGCOH-DDF en 1993 indicaban que una alta proporción de manantiales no cumple con las normas fisicoquímicas (38 por ciento) ni bacteriológicas (76 por ciento). No se encontró información disponible respecto a la aplicación de un tratamiento distinto a la desinfección en estas fuentes superficiales. CALIDAD DEL AGUA EN EL SISTEMA DE DISTRIBUCIÓN El Laboratorio central de control de Xotepingo, en el Distrito Federal, analiza la calidad del agua en el sistema de distribución, mediante la aplicación de muestras en algunas estaciones hidrológicas—en el punto de entrada del agua que se envía al sistema de distribución, en las estaciones de bombeo y en los tanques de almacenamiento del sistema. El muestreo también se lleva a cabo en los puntos de la red llamados cruceros, en 1,270 colonias de las 16 delegaciones del Distrito Federal; en 1993 se tomaron 76, 968 muestras. En la Tabla 5.2 se muestra el porcentaje promedio obtenido en 1993 para el cumplimiento de norma de cloro libre (0.2 miligramos por litro) en las 16 delegaciones del Distrito Federal. La elasticidad osciló entre el 87 y el 100

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability FIGURA 5–1 Áreas de los campos de pozos que abastecen al Distrito Federal, donde los parámetros indicados por las pruebas de calidad del agua no cumplen con las normas fijadas. Fuente: Laboratorio Central de Control de la DGCOH-DDF en Xotepingo.

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability TABLA 5.2 Porcentaje de cumplimiento de norma de cloro libre (0.2 miligramos por litro) en el sistema de distribución de las colonias que conforman las 16 delegaciones del Distrito Federal. Las muestras fueron tomadas en 1993 en las llaves de agua de los consumidores Delegaciones del Distrito Federal Número de muestras Porcentaje de cumplimiento de norma de cloro libre Alvaro Obregón 7,060 95 Atzcapotzálco 5,520 99 Benito Juárez 3,107 96 Coyoacan 6,979 97 Cuajimálpa 1,337 97 Cuauhtemoc 2,555 96 Gustávo Madero 12,419 94 Iztacálco 3,572 96 Iztapalapa 19,210 87 Magdalena Contreras 1,709 93 Miguel Hidálgo 2,952 95 Milpa Alta 1,110 95 Tláhuac 4,023 87 Tlalpan 4,148 95 Venustiáno Carranza 3,414 95 Xochimílco 4,215 89 Fuente: AIC-ANIAC, 1995. porciento, pero fue notablemente menor en las Delgaciones en la porción sureste del Distrito Federal (Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco). Las pruebas realizadas en el momento en que el agua ingresa por primera vez al sistema de distribución señalan quatro puntos importantes, localizados en los distritos de servicio sur y este (Figura 4–2). El muestreo promedio para 1993 muestra además una coloración más intensa en el Cerro de la Estrella y en Metro Cúbico, un alto nivel de nitrógeno orgánico en La Caldera, y niveles relativamente altos de turbiedad en Metro Cúbico y Xotepingo. Existen 326 estaciones de recloración en el sistema de distribución. Este paso adicional de desinfección contribuye, aparentemente, a que el porcentaje de cumplimiento de las propiedades bacteriológicas sea alto en las colonias muestreadas (Tabla 5.2). Aún así, se reportan niveles más bajos de cumplimiento en algunas delegaciones localizadas en los distritos de servicio del sur (en Xochimilco, por ejemplo) y al este (en Iztacalco e Iztapalapa, entre otras). El Estado de México también realiza muestreos de calidad del agua potable en el sistema de distribución y las tomas domiciliarias. Muestras de agua de tomas domiciliarias fueron analizadas en las 17 delegaciones en 1993, para

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability detectar la presencia de cloro residual. El porcentaje de muestras positivas recopiladas osciló entre el 47 y el 100 por ciento en los diferentes distritos (tabla 5.3). De acuerdo con las autoridades correspondientes en la entidad, el deterioro de la calidad del agua ha podido detectarse en las tomas domiciliarias en varias delegaciones; dicho deterioro, afirman, se debe a la infiltración de agua de mala calidad proveniente de un área localizada alrededor de un sistema con fugas de agua, así como a la precipitación de sales (principalmente calcio, magnesio, hierro y manganeso) en las líneas de distribución. Las fugas en el sistema de distribución se cuentan entre las principales preocupaciones para quienes se ocupan tanto de la calidad como del abastecimiento de agua. Cuando el drenaje tiene fugas y existen líneas de conducción dislocadas, el suelo se impregnará induciendo infiltración de agua contaminada hacia las líneas de conducción, efecto que se acentúa cuando la presión es baja. De acuerdo con el laboratorio la calidad del agua de la DGCOH-DDF, las colonias que con mayor frecuencia experimentan interrupciones del servicio, reciben agua de mucho menor calidad que la de las colonias que reciben un abastecimiento constante. Rivera et al. (1979) condujo el primer estudio independiente sobre la presencia de agentes patógenos en tomas domiciliarias en el Distrito Federal; la investigación encontró que 10 de un total de 25 muestras contenían una o más de las formas activas de organismos patógenos. Un estudio más reciente sobre la calidad bacteriológica del agua recibida en un hospital de la Ciudad de México (Juárez et al., 1989), encontró que el 90 por ciento de las muestras eran inaceptables debido a la concentración de cloro, o a los coliformes totales. La irregularidad en el abastecimiento de agua hace de los tinacos para almacenamiento de agua una necesidad. El uso de tinacos es común en la mayoría de las azoteas; se utilizan para almacenar agua cuando la presión en el sistema es baja o inadecuada. En muchos lugares, los tanques permanecen abiertos y no se limpian con regularidad, lo cual propicia que el cloro residual se disipe y estimule la proliferación de microorganismos. La contaminación microbiológica de los tinacos puede deberse a la contaminación del cabezal del pozo, a la infiltración de contaminantes por las fugas del sistema de distribución de agua, así como a la contaminación por microorganismos suspendidos en la atmósfera, afectando directamente a los tinacos que se dejan destapados y expuestos (Rivera et al., 1994). Los niveles normales de cloro (0.2 miligramos/litro) que se mantienen en el sistema de distribución hasta las tomas domiciliarias, no son suficientes como para desactivar los microorganismos que puedan haber ingresado a las tuberías. La importancia de mantener un remanente de cloro estriba en que previene el crecimiento de lama en el sistema y, lo que es más, resulta un indicador cuando ocurre una recontaminación. La ausencia de este remanente es causa de preocupación, pues indica la posibilidad de que algún tipo de contaminación haya ocurrido—pues esta contaminación consumiría el cloro.

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability TABLA 5.3 Porcentaje de las muestras con residuos de cloro, en tomas domiciliarias de agua de los distritos metropolitanos del Estado de México. Los resultados son promedios obtenidos en 1993. Municípios conurbados del Estado de México Porcentaje de cloro libre detectado Atizapan de Zaragoza 81.4 Huixquilucan 89.4 Naucalpan 88.9 Nicolás Romero 80.9 Tlalnepantla 89.8 Cuautitlán Izcalli 76.1 Cuautitlán 16.6 Coacalco 100.0 Tultitlán 55.8 Ecatepec 96.7 Nezahualcóyotl 97.4 Tecámac 93.7 Chicoloapan 100.0 Chimalhuacán 83.3 La Paz 47.3 Chalco 56.0 Ixtapaluca 72.2 Fuente: AIC-ANIAC, 1995. El agua residual que el Gran Canal envía al área de Chiconautla se utiliza para irrigar 5,500 hectáreas. Fuera de la cuenca, parte del agua residual en bloque se usa para irrigar alrededor de 80,000 hectáreas de sembradíos en el Estado de Hidalgo, una práctica que ha evolucionado desde 1934. La protección a la salud pública se maneja a través de restricciones a las cosechas, más que al tratamiento de aguas residuales. En 1991, la entonces Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE), (hoy Secretaría de Desarrollo Social, SEDESOL) y la Secretaría de Recursos Hidráulicos (SARH), establecieron una norma que prohibe el uso de aguas residuales sin tratar en los productos agrícolas que pueden comerse crudos y en los que crecen en la superficie de la tierra. Sin embargo, la irrigación con aguas residuales sin tratamiento podría causar aún problemas de salud (Shuval, 1986), y tambien, deberá controlarse cuidadosamente la irrigación con aguas residuales tratatas. Como ejemplo, un estudio en la región de Xochimilco, al sur de la Ciudad de México, encontró niveles significativos de bacterias y coliformes fecales en el suelo y en algunos vegetales. La irrigación proviene de los canales de Xochimilco que reciben

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability aguas residuales tratadas, pero el canal abierto, de 10 kilómetros de largo, está sujeto a la contaminación de los asentamientos humanos y las granjas adyacentes (Sepúlveda et al., 1987). Además de la exposición directa a las aguas crudas que se introducen a los canales abiertos, los seres humanos están expuestos al polvo en áreas donde las aguas crudas llegan a resecarse. Este polvo, que suele quedar suspendido en partículas aéreas, puede contener protozoarios vivos. Aunque la mayoría de estos protozoarios aislados en las partículas aéreas no son patógenos, en algunos lugares específicos de la región de Xochimilco se han identificado algunos que sí lo son (Rivera et al., 1987). PROBLEMAS DE SALUD ASOCIADOS AL AGUA En la ZMVM, al igual que en el resto del país, las enfermedades infecciosas gastrointestinales son el principal problema de salud. Los niños son especialmente vulnerables a este tipo de padecimientos, que a menudo provocan diarrea aguda y, en ocasiones, la muerte por deshidratación. En 1991, la tasa de diarrea aguda en México era de 3,233 casos por cada 100,000 habitantes; 46 por ciento de estos casos ocurrieron en niños menores de 5 años. La tasa de enfermedad en el Distrito Federal es más baja que la del Estado de México—y que la del país en general. En 1991, los datos del censo reportaron que las enfermedades infecciosas intestinales son la segunda causa principal de mortalidad infantil en toda la nación (con una tasa de 278.4 por cada 100,000), la tercera en el Estado de México (450 por 100,000) y la cuarta en el Distrito Federal (156.7 por 100,000) (INEGI, 1991a). La diarrea aguda prevalece en la ZMVM, donde algunas áreas muestran una mayor incidencia y mortalidad que otras. Las figuras 5–2a y 5–2b, muestran la incidencia de enfermedades diarréicas y las tasas de mortalidad de la población en las 16 delegaciones del Distrito Federal y en las 12 de los 17 municipios conurbados del Estado de México. El promedio de enfermedad y mortalidad es más elevado en las jurisdicciones con mayores características rurales, localizadas al sureste del Distrito Federal (Milpa Alta y Tláhuac), así como en algunos municipios similares del Estado de México. Como se explicará en el Capítulo 6, muchas de estas áreas tienen por lo general un acceso menor al agua conducida por tuberías hasta las casas habitación (véase Figura 6–1). Gracias a la administración de una efectiva terapia de rehidratación oral, la mortalidad debida a las enfermedades diarréicas ha descendido a partir de los años ochenta. Sin embargo, este tratamiento no ataca la causa de las enfermedades diarréicas. Los parásitos protozoarios, como la Giardia y la Entamoeba histolitica, son agentes prominentes causales de diarrea. La disentería amibiana, endémica en México (Organización Panamericana de la Salud, 1990b), se transmite bajo la forma de quistes de Entamoeba histolitica, a menudo a través de agua de beber contaminada por heces (McFadzean y Pugh. 1976). El nivel normal de cloro

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability FIGURA 5–2 Incidencia de las enfermedades diarréicas agudas (a), y tasas de mortalidad (b) por delegación en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Datos fue cobrado por jurisdicciónes sanitarias, los cual no corresponden exactamente a las municipios conurbados del Estado de México. Por esta razón, “no datos” es indicada para cinco municipios. Fuente: INEGI, 1991a.

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability tiene poco o ningún efecto en la amiba enquistada (Rose et al., 1991). Las infecciones de Giardia en niños pequeños representan igualmente un problema y prevalecen con promedios elevados en las áreas pobres de la Ciudad de México (Marrow et al., 1992). Otros parásitos protozoarios dañinos para la salud documentados en la Ciudad de México son el Balantidium coli, Naegleria fowleri, así como algunas especies de Acantamoeba (Rivera et al., 1978, 1983, 1984, 1986). La exposición a las especies patógenas de Naegleria y Acantamoeba puede provocar desórdenes en el sistema nervioso central e incluso la muerte, especialmente en niños pequeños. Se cree que los patógenos se adquieren por la nariz al nadar. Los niños que acostumbran jugar en el agua están especialmente en riesgo. Por esta razón, las autoridades deben poner especial cuidado en que las aguas destinadas al uso recreativo reciban los tratamientos adecuados. Una gran variedad de virus entéricos pueden ser ingeridos en el agua no potable, incluidos algunos subgrupos de poliovirus, virus coxsackie, ecovirus, así como virus de hepatitis infecciosas. Estos virus pueden provocar desórdenes respiratorios, gastrointestinales y del sistema nervioso central. La hepatitis infecciosa produce enfermedades del hígado; la hepatitis A es, probablemente, endémica en México (Cech y Essman, 1992). En 1986 ocurrieron dos grandes crisis de hepatitis aguda en el Estado de Morelos, al sur de la Ciudad de México, en áreas sin servicio de agua, o con falta de servicio de drenaje. Esta fue la primera hepatitis epidémica distinta a las tipo A y B provocada por agua, documentada en Latinoamérica (Okun, 1991). Entre todas las enfermedades conocidas causantes de diarrea, la bacteria del cólera, el Vibrio cholera, sobresale por su aguda sintomatología. En 1991 se reportaron casos de cólera en Perú; desde entonces, la enfermedad se propagó a la gran mayoría de los países latinoamericanos. En México hubo 2,690 casos, de los cuales un pequeño porcentaje (entre dos y tres por ciento) tuvo lugar en la Zona Metropolitana del Valle de México. Otras bacterias que afectan la salud transmitidas por agua contaminada, o por comida infectada por el uso de agua contaminada, son la Salmonella, Shigela, Camplylobacter foetus, Yersinia enterocolitica y E. coli (Sarti- Gutiérrez et al., 1989; Castro, 1991). La criptoesporidiosis es una de las más graves enfermedades microbianas, porque puede causar infección aún a bajas conentraciones y se adapta muy bien a vivir in el agua y prede ser resistente a la desinfección que generalmente se aplica al agua potable (Rose, 1993). Como lo evidenció el estallido de más de 400,000 casos, y más de 100 muertes en Milwaukee en abril de 1993, la contaminación puede ocurrir a pesar de que no se excedan los límites indicados en las normas para el agua potable (Fox, 1993; Rowan, 1993). No hay una terapia conocida para esta infección (Soave, 1990), y personas que tengan deficiencias del sistema inmunológico, como los pacientes de SIDA, niños y pacientes de cáncer, pueden encontrarse en riesgo. Debido a su similitud con otras enfermedades diarréicas, la criptoesporidiosis no aparecerá de manera

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Mexico City’s Water Supply: Improving the Outlook for Sustainability aislada hasta que se haga un esfuerzo por encontrarla, y por ende los datos son escasos. Problemas de Salud Debidos a la Presencia de Químicos Tóxicos Además de los problemas típicos de los países en desarrollo, tales como la alta frecuencia de enfermedades infecciosas causadas por la contaminación fecal, México enfrenta los problemas característicos de las sociedades industriales (Organización Panamericana de la Salud, 1990b, 1990a). La contaminación del agua con químicos tóxicos (al igual que la contaminación del aire, el suelo y la comida) va en aumento en México. Lo químicos más preocupantes son los nitratos, los metales tóxicos y otros contaminantes inorgánicos, distintos solventes orgánicos volátiles y semivolátiles, los pesticidas agrícolas, los herbicidas y los radioquímicos. Además, son contribuyentes potenciales los lixiviados tóxicos originados por los restos químicos indebidamente desechados, las fugas en el almacenamiento subterráneo de productos industriales o generadores de energía, el agua de lluvia contaminada por la contaminación del aire, el escurrimiento en zonas agrícolas y los desechos procedentes de la actividad minera. Algunos químicos pueden provocar una toxicidad aguda o crónica. Otros pueden ser genotóxicos y tener efectos carcinogénicos, mutagénicos o teratogénicos. Según la Organización Panamericana de la Salud (1990a), aunque aún son superados como causa de mortalidad por las enfermedades transmisibles, los cánceres empiezan a emerger como riesgos crecientes en México y otros países latinoamericanos. Los productos derivados de la desinfección con cloro del agua ya tratada (por ejemplo, los trihalometanos), se han convertido en tema de preocupación para las sociedades industrializadas. Estos derivados tóxicos se forman cuando al agua que contiene componentes orgánicos se le añade cloro para desinfectarla. El resultado del balance entre el riesgo de los derivados de la desinfección (que son riesgos de bajo nivel y a largo plazo) y el riesgo de los microorganismos infecciosos, ha sido examinado recientemente (véase, por ejemplo, International Life Sciences Institute, 1992; Craun, et al., 1994b). Frente a las altas tasas de mortalidad por enfermedades contraídas a través del agua, los riesgos de enfermedades crónicas derivadas de su desinfección, riesgos comparativamente mucho menores, no tienen una prioridad tan alta.