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Building Ocean Science Partnerships: The United States and Mexico Working Together (1999)
Commission on Geosciences, Environment and Resources (CGER)
Ocean Studies Board (OSB)

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Building Ocean Science Partnerships: The United States and Mexico Working Together

veerían recursos propios para la investigación una vez que la infraestructura básica fuese establecida.

En los años 70, México hizo una gran inversión en ciencias marinas. A principios de la década, una política de mediano a largo plazo reunió al gobierno federal, a los gobiernos estatales, a las universidades y a las instituciones de investigación. Un gran número de expertos y profesores extranjeros visitantes participaron. México financió un gran número de becas de posgrado para estudiantes mexicanos en diversas instituciones de México y del extranjero (por ejemplo en los Estados Unidos, Canadá, España, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Israel, Noruega, Suecia, la Unión Soviética, Japón, Australia y Chile), la mayoría con fondos mexicanos y con apoyos adicionales del PNUD. Estas becas tuvieron como propósito construir, al nivel de doctorado, la masa crítica fundamental de recursos humanos. Otras inversiones fueron destinadas a fortalecer las instituciones ya existentes, a crear nuevos centros de investigación en diferentes partes del país, y para comprar equipo y construir infraestructura de acuerdo con las necesidades nacionales y compromisos internacionales.

La Conferencia UNCLOS culminó en 1982 con la aprobación de la Convención de las Leyes del Mar y empezó así su proceso de ratificación. Casi simultáneamente, el mundo, especialmente en los países en vías de desarrollo, se hundió en una crisis de deuda internacional. En 1994, culminó la ratificación de la CONVEMAR y la Convención de la CONVEMAR entró en vigor. A causa de la crisis de la deuda externa mexicana, fue difícil obtener fondos significativos para la investigación en México y la ciencia marina mexicana se encontraba en desventaja al tiempo que en los Estados Unidos se hacían avances significativos en el financiamiento de las ciencias oceánicas.

Para aminorar esta situación se formó una asociación trilateral entre la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y Petróleos Mexicanos (PEMEX). Ésta incluía la operación y mantenimiento de dos buques mexicanos para la investigación, en alta mar, y les permitió a los oceanógrafos mexicanos la oportunidad de participar en el desarrollo de la investigación en mar abierto. La asociación trilateral fue un gran paso adelante y un éxito nacional úinico. Después de firmar el acuerdo, comenzó la parte más difícil: desarrollar el conocimiento necesario sobre la ciencia del océano en las instituciones mexicanas, fortalecer la infraestructura física para las ciencias oceánicas y establecer mecanismos adecuados de evaluación por arbitraje.

Los tres socios tuvieron preocupaciones financieras y una falta de entendimiento de que la investigación en mar abierto sólo puede realizarse con apoyo financiero ininterrumpido. Desafortunadamente, como resultado de la crisis de la deuda, este proyecto perdió su soporte político y presupuestario. Con el disminuido acceso a los buques para la investigación, el apoyo a las ciencias oceánicas mexicanas se volvió más difícil. Entre las décadas 80 y 90, los esfuerzos mexicanos en las ciencias oceánicas continuaron bajo condiciones presupuestales depri

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